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Alta costura
Vestido para viajar

El Perú recibe dos millones de visitantes cada año. Pero no todos son turistas. Buena parte de los extranjeros que llegan a nuestro país son hombres de negocios; pueden pasar por el Aeropuerto Jorge Chávez 10 veces y nunca salir de Lima o del circuito capitalino de hoteles y restaurantes ejecutivos. ¿Cómo se distingue al auténtico turista extranjero, especialmente al europeo? Por la ropa.

Los hombres de negocios usan terno —el uniforme corporativo global. Pero el terno, aunque práctico en la ciudad, no es la vestimenta más apropiada para hacer, por ejemplo, los Caminos del Inca, o treparse en una lancha y visitar las islas Ballestas, o subir al Huayna Picchu.

¿Cuál es la mejor ropa para viajar? La que traen esos alemanes y franceses —jóvenes de cuerpo o espíritu— que vienen por tres semanas preparados para recorrer miles de kilómetros y pasar de la costa a la puna y a la selva, siempre cómodos, frescos y protegidos del ambiente.

La primera evidencia directa de ropa fabricada con cuero y pieles se remonta al paleolítico: agujas primitivas talladas en hueso, con una antigüedad de 30,000 años. Pero los arqueólogos creen que el uso de “vestimenta” es casi tan antiguo como el hombre mismo. Es decir, que tiene más de 100,000 años.

Descontando algunos hallazgos excepcionales, los textiles se desarrollaron a partir de la revolución del neolítico —hace unos 10,000 años— junto con las primeras civilizaciones, la agricultura intensiva y las clases sociales, incluyendo la de los artesanos.

Desde entonces y hasta hoy, la ropa cumple dos funciones: una práctica y otra social.

Nos aísla y protege de los elementos: el frío, la lluvia, el viento y el sol. También nos identifica dentro de la sociedad en la que vivimos. Hasta la ropa más libre o, para usar un anglicismo muy difundido, “casual”, es un tipo de uniforme. Nos presenta ante los demás como policías, enfermeras, ejecutivos, adolescentes. O viajeros.

Este artículo no trata de la función social de la ropa, por muy interesante que sea. Nos vamos a centrar, más bien, en su aspecto práctico. Y, de manera puntual, en aquella ropa desarrollada para viajes de largo aliento con itinerarios que imponen distintas demandas a las prendas elegidas.

El Perú, por sus características geográficas, presenta un desafío especial. En el mismo viaje y durante la misma estación se puede pasar de un desierto con más de 35º C y sol ecuatorial, a una puna helada, con noches por debajo de 0º C y, finalmente, a la selva, húmeda y calurosa.

AYER Y HOY

Durante la mayor parte de la historia, la naturaleza ha proporcionado la materia prima para la ropa y el abrigo: fibras vegetales (lino, algodón), animales (lana y plumas) y pieles. También aceite o grasa mineral, usados para impermeabilizar prendas.

Un ejemplo extraordinario es el de Ötzi, un hombre de la edad de cobre que murió hace 5,300 años cruzando un glaciar en los Alpes de Italia. Fue descubierto en 1991 por dos alpinistas; estaba vestido con zapatos de piel de oso, “medias” de fibra vegetal tejida y una combinación de prendas de abrigo de distintas pieles. También llevaba un gorro con sujetador. El aspecto que ofrecía el cadáver momificado y vestido era tan moderno, que sus descubridores reportaron el hallazgo a la policía, y no a un museo o a una institución académica.

Pensaron que se trataba de una muerte reciente.

Durante la segunda mitad del siglo 20, la ropa de abrigo para condiciones extremas se desarrolló principalmente en aplicaciones profesionales: marineros, militares y leñadores obligados a trabajar durante el invierno en latitudes árticas: el Mar del Norte, Alaska, Escandinavia. Paralelamente, los montañistas contribuyeron a impulsar el desarrollo de prendas con un mayor factor de protección y menor peso.

La ropa usada por Edmund Hillary y Norgay Tenzing en 1953 para conquistar el Everest (8,848 msnm), desafiando temperaturas de -50ºC y vientos de más de 100 km/h, resulta primitiva para los es¬tándares actuales: impermeables de lona y cuero, suéters de lana, camisas de algodón y algunas prendas con relleno de pluma de ganso.

A partir de la década de 1960, se empezaron a usar materiales sintéticos en ropa de alta performance. En sus distintas formas, el poliéster (derivado del petróleo) tiene ventajas sobre las fibras naturales. Las más importantes son su mayor capacidad de abrigo en relación al peso y su resistencia al agua. El invento que revolucionó la industria de la ropa de abrigo fue el Polartec (o “vellón polar”), desarrollado en la década de 1970 por la empresa Malden Mills, de Estados Unidos.

La ropa confeccionada con vellón polar se ha difundido tanto que hoy se puede comprar, a bajo precio, en tiendas por departamentos o hasta mercadillos en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, las marcas especializadas (Ferrino, Helly Hansen, Marmot, Mountain Hardware, Patagonia, The North Face) ofrecen productos que combinan las virtudes de los nuevos materiales —incluyendo polar— con diseños que incorporan elementos importantes como bolsillos, cierres, capuchas y ajustes, etc.

También tienen una calidad y cuidado en la confección que hacen que las prendas sean más durables y atractivas. El precio, lógicamente, es mayor que el de las confecciones Sin Nombre.

EN CARNE PROPIA

Cuando me inicié en el montañismo hace 30 años, para subir a más de 5,000 metros tenía que llevar varias capas de ropa de algodón, lana y corduroy. Pero sin importar cuánta ropa llevara, siempre terminaba empapado y tiritando.

En 1982, una expedición inglesa a la Cordillera Blanca fue la primera en llegar al Perú con prendas de polar. Yo me compré una casaca y un pantalón de la marca noruega Helly Hansen. Los montañistas veteranos se burlaban de mi: “Esa tontería no abriga nada”.

Pero abrigaba más que la lana, y pesaba mucho menos. Además, era resistente al agua (el vellón polar es hidrofóbico y absorbe menos del 1% de su propio peso en agua; en cambio, atrapa el aire, lo que proporciona aislamiento térmico). En los años siguientes, el polar se impuso en la montaña, y después en la ciudad.

Mis primeros zapatos de montañismo fueron unas botas polacas de piel de morsa y suela de caucho y cuero, con tornillos. Pesaban más de 4 kilos. Una botas Scarpa modernas, con el doble de aislamiento térmico y suelas Vibram (prácticamente indestructibles) pesan aproximadamente un kilo.

El montañismo es un deporte extremo. La ropa para viajeros se ha beneficiado de él, pero no es necesario disfrazarse de Reinhold Messner para hacer la ruta Cusco-Tambopata.

PRÁCTICAMENTE RAZONABLE

Pensemos en una prenda indispensable: el pantalón (la falda no es práctica, ni en la mujer ni el hombre, salvo que su destino sea el lago de Loch Ness).

El blue jean no sirve para protegernos de la humedad y el frío. Está fabricado de algodón, que no tiene buen aislamiento térmico y es hidropónico (absorbe agua). El corduroy abriga más que el algodón: a veces, demasiado. Es bueno cuando hace frío, pero incómodo cuando el mismo viaje nos lleva del frío a zonas calurosas. Tampoco repele el agua.

La mejor alternativa es un pantalón de material sintético resistente a las abrasiones y al viento, impermeable y elástico. Hay varias fibras patentadas que cumplen estos requerimientos; entre las más conocidas están Cordura, eVent y Suplex. Otra característica de estas fibras son el secado rápido, su ligereza y el grado de protección que brindan contra la radiación UV.

El diseño de la prenda incluye varias características. Suelen tener refuerzos y muchos bolsillos, grandes y seguros (con cierres de velcro). Con frecuencia son desmontables (se transforman en un short). La cadera es elástica, para dar comodidad y buen ajuste.

También hay camisas fabricadas en base a los mismos materiales y principios.

Si piensa hacer un viaje que incluya caminatas y excursiones a campo traviesa, en lugares de clima variable, con extremos de calor, frío y humedad, acuda a una tienda especializada y vístase apropiadamente, de los pies a la cabeza.

Buenas botas, medias, pantalón, camisa, casaca y gorro.

De esta manera, estará mejor preparado para sentirse cómodo durante su viaje. Pero no basta con vestirse adecuadamente. Suficientes horas de exposición al frío o a la lluvia terminan por saturar hasta los mejores materiales y una caída en un charco excede los límites de impermeabilidad de las prendas más avanzadas.

Hay que tener la disposición correcta. Preguntar por la duración de los tramos y conseguir los pronósticos del clima. Estar atento durante las caminatas y no intentar hacer muchas cosas a la vez (como tomar fotos o videos y caminar por un sendero difícil).

La ropa, como la armadura del guerrero, es importantísima. Pero es el espíritu del viajero es el que supera los desafíos y vence la adversidad.

    

 

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