Prensa del Motor S.A.C.
Prolongación Andrés Avelino
Cáceres 773. Lima 34, Perú: Teléfonos:
(511)4446752 / (511)4477098
(511)4470498
Regresar
Escape libre
Compañeros de ruta

En primaria perdí un par de amigos: uno se fue a vivir a Guatemala; el otro, mi tocayo, murió de cáncer antes de cumplir los 10.

Como se fueron de a pocos, con una que otra visita y mensajes transmitidos solemne y espaciadamente por los profesores a “la clase”, que sólo en esas ocasiones guardaba un silencio perfecto, no sentí que los perdía. Más bien, partieron.

En secundaria cambié de país y de colegio dos veces. Borrón y cuenta nueva.

De vuelta al Perú, terminado el colegio, retomé mi barrio: una mancha de vagos que le hacía la guardia al mar en verano, y al muro en invierno. Al entrar a la universidad la reemplacé por otra, menos rústica, en la que los libros ya no eran (necesariamente) objeto de escarnio, y tampoco era obligatorio ver las películas sentados todos en primera fila del cine San Antonio, previo sahumerio, profuso y ritual.

¡La universidad! Fiestas y reuniones, sesiones de estudio de toque a toque, campamentos y viajes a provincias. Borracheras con inolvidables borradas de casete.

Cuando dejé la universidad, el grupo de estudio que animaba el patio de concreto se disolvió. Nunca volví a verlos a todos juntos. Algunos hicieron carreras brillantes, y hoy capitanean trasnacionales y firman contratos con presidentes; los otros, que no tuvieron tanto éxito, hablan de ellos con afectada familiaridad. Es difícil —no imposible— tener amistad con un tipo muy importante, rico o poderoso.

Salvo, supongo, que uno también sea muy importante, rico y poderoso.

A diferencia de la generación de mi padre, que nació y morirá con el mismo grupo de amigos, la mía ha tenido que adaptarse a un mundo en diáspora. De los 17 primos hermanos que tengo, 12 viven en el extranjero. Todos mis sobrinos están en otro hemisferio.

En la esquina del barrio donde crecí hay tres franquicias de comida rápida. Nunca antes paró tanta gente allí, y por tan poco tiempo.

Pero he tenido suerte: nunca me ha faltado compañía cordial y cómplice. Supongo que tengo un don particularmente útil en estos tiempos: facilidad para hacer amigos.

El catalizador de estas amistades muchas veces ha sido un largo viaje en auto.

Y largo quiere decir largo: 4 ó 5 jornadas y más de 10 horas de asfalto o tierra por día. A veces 15.

El mejor ejemplo de cómo se gestan estas uniones del espíritu en el útero de la cabina no es, precisamente, mío, sino de dos buenos amigos.

Alberto Lavarello y Raúl Rey partieron de Lima para darme el encuentro en Tacna (yo me anticipé dos días, en avión).

En principio, habían acordado partir el viaje de 1,300 km y 22 horas en Nazca o Chala —no recuerdo bien— pero la conversación seguía muy animada en el desvío a Arequipa y, turnándose al timón, llegaron a los humedales de Ite, en la costa de Ilo, donde Raúl en calzoncillos se afeitó y lavó los dientes en las aguas pantanosas, entre garzas desconcertadas, y fue inmortalizado por Alberto con una foto bestial. Desde entonces, Raúl es El Hombre de Ite.

Cuando me encontré con ellos, en la plaza de armas, llevaban 25 horas sin dormir y estaban frescos como lechugas, felices de haberse descubierto el uno al otro.

El regreso lo hicimos juntos. Hablamos de todo lo que pueden hablar tres hombres comprometidos y con hijos, cuando se encuentran, circunstancialmente, solteros y sin hijos (presentes).

Compartimos el gozo de no hacer nada y esa sensación incomparable de ser libres. Porque el timón nos da la ilusión de ser amos y señores de nuestro destino.

Un destino que, gozosamente compartido, deja huella.

Miguel Unger

Regresar subir
Usuario:
Clave:
 
  Olvidé mi clave
Nuevo usuario
Edición
Nro 166
Vea los últimos artículos de esta edición
Ver más
Anuncie aquí
Button campeón mundial
ver más
BMW Z4
ver más
Gente motor
ver más

 


 

Automás y Autocatálogo son marcas registradas de Prensa del Motor S.A.C. Todos los textos son propiedad de la Prensa del Motor S.A.C. prohibida su reproducción parcial o total en medios electrónicos o impresos sin autorización previa y escrita de Prensa del Motor.